Mostrando entradas con la etiqueta El Silencio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Silencio. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de abril de 2016

Por FERNANDO LATOUCHE - "EL SILENCIO"...



Pero el Corazón del hombre puede sentir y captar el significado de estos sonidos que hacen vibrar sus sentidos. La Sabiduría Eterna habla en un lenguaje misterioso, alma y naturaleza conversan juntas. Sin embargo, ¿no ha llorado el hombre al escuchar los sonidos?, y ¿no son sus lágrimas un entendimiento elocuente?



" El Silencio "


El silencio es una reducción de ese ruido interior que ocupa no sólo los oídos sino también nuestra atención.


El silencio no es la ausencia de sonido, eso sería imaginárselo negativamente.


El silencio nos permite escuchar muchos sonidos que de otra manera no escucharíamos: el sonido de los pájaros, del agua, del viento, de los árboles, de las ranas, de los grillos, del acompasado ritmo de la respiración, los latidos del corazón, la música, así como también de la conciencia, los sueños despiertos y las intuiciones.


Uno cultiva el silencio no obligando a los oídos a no oír, sino elevando el volumen de la música del mundo y del alma.


La voz de Dios se puede oír en la intimidad del corazón, sólo cuando la lengua está callada, cuando está en silencio, porque el silencio es el lenguaje del buscador espiritual.


El Amor, la gran verdad que trasciende la naturaleza, no se comunica de un ser a otro por medio de la palabra, la verdad prefiere el silencio para llevar su significado a las almas amantes. Es en el silencio de la noche cuando se produce la mejor comunicación entre los amantes porque es portador del mensaje del Amor y recita la poesía de los Corazones.


El lenguaje hablado no es el único medio de comprensión entre dos almas. No son las palabras que salen de los labios las que unen los Corazones, hay algo más alto y más puro.


El silencio ilumina las almas, susurra en los corazones y los une, el silencio nos hace viajar como en un velero por el mar del espíritu y nos acerca al cielo. Hemos olvidado ese lenguaje y debe ser aprendido de nuevo. Ese lenguaje es el del Amor. El lenguaje del amor es silencioso, se expresa en silencio. Cuando dos amantes están en verdadera y profunda armonía, cuando sus vibraciones están sincronizadas entre sí, cuando ambos vibran en la misma longitud de onda, entonces hay silencio.


Entonces a los amantes no les apetece hablar porque el silencio es el lenguaje de las almas amantes. Cuando estás profundamente enamorado, puede que tomes de la mano a tu pareja, pero estarás en silencio, en completo silencio.


En ese lago sin olas de tu conciencia, algo se transforma 
y se pasa el mensaje. Es un mensaje sin palabras. Uno tiene que aprender el lenguaje del amor, el lenguaje del silencio, el lenguaje de la presencia de cada uno, el lenguaje del corazón, el lenguaje de los cuerpos, y en ese lenguaje sobran las palabras. ¿Sabes oír? Cuando cantan los pájaros, ¿llaman a las flores de los campos, hablan a los árboles o repiten el murmullo de los arroyos?


El hombre, con todo su entendimiento, no es capaz de saber lo que canta el pájaro, ni lo que murmura el arroyuelo, ni lo que susurran las olas cuando lamen la playa suave y delicadamente.


El hombre no es capaz de saber, con todo su entendimiento, qué es lo que dice la lluvia al caer sobre las hojas de los árboles, o cuando sus gotas golpean los cristales de las ventanas. No puede saber lo que la brisa le está diciendo a las flores de los campos.


La ausencia de silencio, el ruido mental, físico y espiritual del hombre actual y de su entorno, no le permite apreciar tantas cosas que sólo notamos cuando estamos serenos, en paz y en silencio, porque, después de todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el canto del pájaro amigo, las conversaciones nocturnas de las ranas al borde del estanque y las discusiones nocturnas de los grillos después de la lluvia?


Pero el Corazón del hombre puede sentir y captar el significado de estos sonidos que hacen vibrar sus sentidos. La Sabiduría Eterna habla en un lenguaje misterioso, alma y naturaleza conversan juntas. Sin embargo, ¿No ha llorado el hombre al escuchar los sonidos?, y ¿No son sus lágrimas un entendimiento elocuente?



Por Fernando Latouche



Re-Publicado por ANSHELINA, la Luz que llama a despertar
http://loqueheaprendidode.blogspot.com
http://romancesdivinossohin.blogspot.com

martes, 6 de enero de 2015

DE: FERNANDO LATOUCHE... "EL SILENCIO"

Pero el Corazón del hombre puede sentir y captar el significado de estos sonidos que hacen vibrar sus sentidos. La Sabiduría Eterna habla en un lenguaje misterioso, alma y naturaleza conversan juntas. 
Sin embargo... 
¿No ha llorado el hombre al escuchar los sonidos? y ¿No son sus lágrimas un entendimiento elocuente?


"El Silencio"


El silencio es una reducción de ese ruido interior que ocupa no sólo los oídos sino también nuestra atención.

El silencio no es la ausencia de sonido, eso sería imaginárselo negativamente.

El silencio nos permite escuchar muchos sonidos que de otra manera no escucharíamos: el sonido de los pájaros, del agua, del viento, de los árboles, de las ranas, de los grillos, del acompasado ritmo de la respiración, los latidos del corazón, la música, así como también de la conciencia, los sueños despiertos y las intuiciones.

Uno cultiva el silencio no obligando a los oídos a no oír, sino elevando el volumen de la música del mundo y del alma.

La voz de Dios se puede oír en la intimidad del corazón, sólo cuando la lengua está callada, cuando está en silencio, porque el silencio es el lenguaje del buscador espiritual.

El amor, la gran verdad que trasciende la naturaleza, no se comunica de un ser a otro por medio de la palabra, la verdad prefiere el silencio para llevar su significado a las almas amantes. Es en el silencio de la noche cuando se produce la mejor comunicación entre los amantes porque es portador del mensaje del amor y recita la poesía de los corazones.

El lenguaje hablado no es el único medio de comprensión entre dos almas. No son las palabras que salen de los labios las que unen los corazones, hay algo más alto y más puro.

El silencio ilumina las almas, susurra en los corazones y los une, el silencio nos hace viajar como en un velero por el mar del espíritu y nos acerca al cielo. Hemos olvidado ese lenguaje y debe ser aprendido de nuevo. Ese lenguaje es el del amor. El lenguaje del amor es silencioso, se expresa en silencio. Cuando dos amantes están en verdadera y profunda armonía, cuando sus vibraciones están sincronizadas entre sí, cuando ambos vibran en la misma longitud de onda, entonces hay silencio.

Entonces a los amantes no les apetece hablar porque el silencio es el lenguaje de las almas amantes. Cuando estás profundamente enamorado, puede que tomes de la mano a tu pareja, pero estarás en silencio, en completo silencio.

En ese lago sin olas de tu conciencia, algo se transforma y se pasa el mensaje. Es un mensaje sin palabras. Uno tiene que aprender el lenguaje del amor, el lenguaje del silencio, el lenguaje de la presencia de cada uno, el lenguaje del corazón, el lenguaje de los cuerpos, y en ese lenguaje sobran las palabras. ¿Sabes oír? Cuando cantan los pájaros, ¿llaman a las flores de los campos, hablan a los árboles o repiten el murmullo de los arroyos?

El hombre, con todo su entendimiento, no es capaz de saber lo que canta el pájaro, ni lo que murmura el arroyuelo, ni lo que susurran las olas cuando lamen la playa suave y delicadamente.

El hombre no es capaz de saber, con todo su entendimiento, qué es lo que dice la lluvia al caer sobre las hojas de los árboles, o cuando sus gotas golpean los cristales de las ventanas. No puede saber lo que la brisa le está diciendo a las flores de los campos.

La ausencia de silencio, el ruido mental, físico y espiritual del hombre actual y de su entorno, no le permite apreciar tantas cosas que sólo notamos cuando estamos serenos, en paz y en silencio, porque, después de todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el canto del pájaro amigo, las conversaciones nocturnas de las ranas al borde del estanque y las discusiones nocturnas de los grillos después de la lluvia?

Pero el corazón del hombre puede sentir y captar el significado de estos sonidos que hacen vibrar sus sentidos. La Sabiduría Eterna habla en un lenguaje misterioso, alma y naturaleza conversan juntas. Sin embargo, ¿no ha llorado el hombre al escuchar los sonidos?, y ¿no son sus lágrimas un entendimiento elocuente?


Por Fernando Latouche


Publicado por ANSHELINA, la Luz que llama a despertar
http://loqueheaprendidode.blogspot.com
http://romancesdivinossohin.blogspot.com 

martes, 27 de mayo de 2014

Por Virginia Isabel Riffo Ebner - "Toda una Tradición Mística Nos Habla de La "Voz del Silencio"...




"Sólo aquél que, gracias al conocimiento de las verdades espirituales, ha sabido poner orden en Sí mismo, realiza el verdadero silencio.


Y en este silencio la voz de su naturaleza divina se hace oír. 


Toda una tradición mística nos habla de la «Voz del Silencio». 


¿Cómo hay que comprender esta expresión?


El silencio no tiene voz, evidentemente, pero en el seno del silencio se hace oír una voz: 
La de nuestra naturaleza divina. 


La meditación, la oración, al igual que todas las prácticas preconizadas por las enseñanzas espirituales, sólo tienen un objetivo: 
Hacer callar a la naturaleza inferior en el hombre, para dar a su naturaleza superior unas posibilidades cada vez mayores de expresarse. 


El silencio es pues este estado de conciencia en el seno del cual algo misterioso, profundo, empieza a revelarse. 


A este «algo» se le llama la voz del silencio.


Aquél que logra serenarlo todo dentro de él, e incluso detener su pensamiento – ya que, con su movimiento, el pensamiento también hace ruido – oirá esta voz". 


GRACIAS - NAMASTE


Por Virginia Isabel Riffo Ebner 

21/5/2014


Re-Publicado por ANSHELINA, la Luz que llama a despertar
http://loqueheaprendidode.blogspot.com
http://romancesdivinossohin.blogspot.com

sábado, 14 de abril de 2012

DE: INDIOS AMERICANOS ... "LA IMPORTANCIA DEL SILENCIO" ...



Nosotros los indios sabemos del silencio. 
No le tenemos miedo. 
De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.


Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. 
"Observa, escucha, y luego actúa, nos decían". 
Esa es la manera de vivir despiertos.


Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. 
Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y la mente quietos y entonces, aprenderás. 
Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar sin temor.


Con ustedes es lo contrario. 
Ustedes aprenden hablando. 
Premian a los niños que hablan más en la escuela. 
En sus fiestas todos tratan de hablar. 
En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. 
Y le llaman “resolver un problema”.


Cuando están en una habitación y hay silencio, 
se ponen nerviosos. 
Tienen que llenar el espacio con sonidos. 
Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.


A la gente blanca le gusta discutir. 
Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. 
Para los indios esto es muy irrespetuoso 
e incluso muy estúpido.


Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. 
Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. 
Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. 
De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.


La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas.

Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio.

Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.


Fuente: stopsecrets


martes, 10 de abril de 2012

DE: AITXUS IÑARRA ... "SILENCIO SENTIDO ... SENTIDOS DEL SILENCIO" ...


El silencio es una de las realidades 
de las que, paradójicamente, más se habla. Constituye un tema permanente sobre el que se pueden escribir textos tan bellos como éste.


Con dignidad saben el bosque y la roca callar contigo.. Vuelve a ser cual el árbol que amas, el de amplias ramas: silencioso y atento cuelga sobre el mar... Allí donde acaba la soledad, comienza el mercado, comienza también el ruido de los grandes actores y el zumbido de las moscas venenosas… El mundo gira en torno a los inventores de nuevos valores, gira sin que se lo perciba... Pero el pueblo y la fama giran en torno a los actores: así es como se mueve el mundo...

Es la invitación de Zaratustra, en Así habló Zaratustra de F. Nietzsche, a compartir la soledad silente de la naturaleza, hoy más necesaria que nunca en un mundo cada vez más ruidoso y desvinculado de lo natural... Un mundo fabricado desde determinadas instancias que han traído un exceso de verbalismo y de señales ruidosas, así como el desconocimiento y el alejamiento de uno consigo mismo...

Tal es la invención de la máquina y su desarrollo con la penetración del sonido inarmónico en la vida del individuo... Es un producto de la industrialización, la era de los motores de sonoridad pesada y estridente que se propaga en muchos trabajos... Y que ocupa las carreteras y las calles de nuestras ciudades con el fragor del tráfico de vehículos... Un ruido en progresivo aumento, ya que el desarrollo tecnológico de la sociedad de la información y el conocimiento, no está siendo más benigno con este huésped insidioso, que produce nuevas y cada vez más sofisticadas formas acústicas... 

La intensificación y diversificación de este elemento perturbador ha llegado a extenderse a todos los ámbitos de la vida privada y pública... Una sinfonía discordante de sonidos provenientes de televisiones, radios, teléfonos móviles… penetra omnipresentemente a todas horas en las mentes de los ciudadanos... Mientras esos mismos medios de comunicación vulgarizan e intensifican, a su vez, la voz y el ruido en la fabricación de la realidad y de la conciencia, con paquetes seriados de consignas homogeneizadoras...

La cultura de masas imposibilita el silencio y mercantiliza lo acústico disonante dotándolo de sentidos diversos. De tal manera que el ruido se ha ido vinculando en las últimas décadas a diferentes aspectos de la vida social... Se ha convertido en expresión de alegría, aunque muchas veces se trata más de estrépito y estridencia que de un contento natural... Tal es, por ejemplo, el vocerío y la bulla de los deportes de masa... 

También se ha infiltrado en la fiesta, de tal manera que la fiesta es sólo tal si va acompañada de potentes decibelios... Asimismo se ha considerado el ruido algo propio de la juventud... Cuando el ruido, en sí mismo, no es rasgo propio de ninguna edad, sino una interferencia innecesaria, artificial a menudo, con la que se invade y agrede la naturaleza silenciosa, tan propia como poco reconocida, del ser humano...

Existen, ciertamente, numerosas formas e interpretaciones del silencio como signo, tan variadas como son las intencionalidades del que lo atestigua y del que lo interpreta... De ahí resulta, entre otros, un silencio afectuoso, prudente, aceptador, amenazante, negador o ambiguo... Sin embargo, hablar del silencio, y sobre todo practicarlo, se ha convertido en algo inadecuado o extraño pudiendo llegar a constituir en algunos contextos de la cultura occidental, incluso, una provocación... 

Piénsese en muchos encuentros sociales en los que el silencio se interpreta como algo descortés. O, con otro sentido, lo que sucede, todavía, en aquellas culturas donde perdura el enmudecimiento segregador impuesto a las mujeres en los encuentros mixtos... De la misma manera que en sociedades que se dicen despojadas de tabúes todavía se sigilan determinadas enfermedades estigmatizadas como el sida o la enfermedad mental...

Quien siempre ha tenido el poder de administrar y reglamentar la palabra y el silencio es la Institución... Ha sido muy pautada la ausencia de la palabra en los ámbitos monásticos del Occidente medieval –diferente del silencio autoimpuesto y elegido del eremitismo espiritual- y en determinados rituales, aunque actualmente estos contextos son cada vez más restringidos... 

En el ámbito político también se acalla a los ciudadanos, permitiéndoles la palabra una sola vez cada cuatro años... Y, en el contexto sanitario sucede frecuentemente que no existe el valor del intercambio, pues la palabra válida resulta ser la palabra funcional que confirma al médico frente al paciente que ha perdido el uso de ella... También, el espacio educativo es cada vez más un universo dictado, en donde la libertad de cátedra se restringe y los curriculums explícitos preestablecidos enmudecen la posibilidad de otras opciones...

Inconfundible es también el silencio que se muestra ante la autoridad política o religiosa como evidente muestra de respeto ritual o sumisión... De ésta emana, asimismo, la censura o el silencio impuesto... Es el mutismo obligado que convierte en silentes las voces no aceptadas por el sistema, y en peligrosa la palabra pronunciada por el adversario...

Existe, asimismo, la palabra inaceptada, que tan frecuentemente se desdeña e ignora en la vida cotidiana... Es la palabra que no se escucha, que el interlocutor traduce en ruido o ausencia de sentido... Ocurre cada vez que alguien dice algo pero lo expresado no se toma en consideración o se le despoja del sentido... Hecho bien descrito por las expresiones: como si oye llover o le entra por una oreja y le sale por la otra...

Hay veces que la palabra estorba y desaparece en el silencio íntimo de los amantes... De este silencio habla Meher Baba cuando les pregunta a sus discípulos del porque la gente se grita cuando está enojada... Después de escuchar las respuestas de éstos, y no satisfaciéndole ninguna de ellas, les explica que cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho... Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse... Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia... A diferencia de cuando dos personas se aman, no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo...

Lo cierto es que nos hemos acostumbrado a este fragor circundante que ha invadido nuestras vidas, sin percatarnos que nos afecta a la salud y a la manera de manejar el mundo, no dejando espacio para poder encontrarse uno consigo mismo... Es así que se hace más necesario que nunca alejarse del ruido humano, e imitar a la naturaleza en el silencio pleno latente bajo su sonido natural... 

Se trata de vivir mediante la introspección, el silencio mental, el que va más allá de las construcciones mentales de la palabra... Es la mirada muda donde se desvanece el pensamiento, la construcción convencional del mundo, y descubre a la naturaleza humana su universo inédito... 

La experiencia de este silencio se asemeja al vacío en su plenitud, es invisible, intangible e inaudible... Subyace a todo sentido, pareciendo que lo anula cuando, en realidad, sin este misterioso silencio no existiría ni el experimentador ni el mundo...


Por: Aitxus Iñarra 

Profesora de la Universidad del País Vasco


–> VISTO EN: http://www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/Inarra_silencio.html

GHB - Información difundida por: http://hermandadblanca.org/

lunes, 11 de octubre de 2010

DE: FERNANDO LATOUCHE... "EL SILENCIO"

Pero el corazón del hombre puede sentir y captar el significado de estos sonidos que hacen vibrar sus sentidos. La Sabiduría Eterna habla en un lenguaje misterioso, alma y naturaleza conversan juntas. Sin embargo, ¿no ha llorado el hombre al escuchar los sonidos?, y ¿no son sus lágrimas un entendimiento elocuente?


" El Silencio "

El silencio es una reducción de ese ruido interior que ocupa no sólo los oídos sino también nuestra atención.

El silencio no es la ausencia de sonido, eso sería imaginárselo negativamente.

El silencio nos permite escuchar muchos sonidos que de otra manera no escucharíamos: el sonido de los pájaros, del agua, del viento, de los árboles, de las ranas, de los grillos, del acompasado ritmo de la respiración, los latidos del corazón, la música, así como también de la conciencia, los sueños despiertos y las intuiciones.

Uno cultiva el silencio no obligando a los oídos a no oír, sino elevando el volumen de la música del mundo y del alma.

La voz de Dios se puede oír en la intimidad del corazón, sólo cuando la lengua está callada, cuando está en silencio, porque el silencio es el lenguaje del buscador espiritual.

El amor, la gran verdad que trasciende la naturaleza, no se comunica de un ser a otro por medio de la palabra, la verdad prefiere el silencio para llevar su significado a las almas amantes. Es en el silencio de la noche cuando se produce la mejor comunicación entre los amantes porque es portador del mensaje del amor y recita la poesía de los corazones.

El lenguaje hablado no es el único medio de comprensión entre dos almas. No son las palabras que salen de los labios las que unen los corazones, hay algo más alto y más puro.

El silencio ilumina las almas, susurra en los corazones y los une, el silencio nos hace viajar como en un velero por el mar del espíritu y nos acerca al cielo. Hemos olvidado ese lenguaje y debe ser aprendido de nuevo. Ese lenguaje es el del amor. El lenguaje del amor es silencioso, se expresa en silencio. Cuando dos amantes están en verdadera y profunda armonía, cuando sus vibraciones están sincronizadas entre sí, cuando ambos vibran en la misma longitud de onda, entonces hay silencio.

Entonces a los amantes no les apetece hablar porque el silencio es el lenguaje de las almas amantes. Cuando estás profundamente enamorado, puede que tomes de la mano a tu pareja, pero estarás en silencio, en completo silencio.

En ese lago sin olas de tu conciencia, algo se transforma y se pasa el mensaje. Es un mensaje sin palabras. Uno tiene que aprender el lenguaje del amor, el lenguaje del silencio, el lenguaje de la presencia de cada uno, el lenguaje del corazón, el lenguaje de los cuerpos, y en ese lenguaje sobran las palabras. ¿Sabes oír? Cuando cantan los pájaros, ¿llaman a las flores de los campos, hablan a los árboles o repiten el murmullo de los arroyos?

El hombre, con todo su entendimiento, no es capaz de saber lo que canta el pájaro, ni lo que murmura el arroyuelo, ni lo que susurran las olas cuando lamen la playa suave y delicadamente.

El hombre no es capaz de saber, con todo su entendimiento, qué es lo que dice la lluvia al caer sobre las hojas de los árboles, o cuando sus gotas golpean los cristales de las ventanas. No puede saber lo que la brisa le está diciendo a las flores de los campos.

La ausencia de silencio, el ruido mental, físico y espiritual del hombre actual y de su entorno, no le permite apreciar tantas cosas que sólo notamos cuando estamos serenos, en paz y en silencio, porque, después de todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el canto del pájaro amigo, las conversaciones nocturnas de las ranas al borde del estanque y las discusiones nocturnas de los grillos después de la lluvia?

Pero el corazón del hombre puede sentir y captar el significado de estos sonidos que hacen vibrar sus sentidos. La Sabiduría Eterna habla en un lenguaje misterioso, alma y naturaleza conversan juntas. Sin embargo, ¿no ha llorado el hombre al escuchar los sonidos?, y ¿no son sus lágrimas un entendimiento elocuente?


Por: Fernando Latouche


Publicado por: M. ALEJANDRA SANDOVAL 

el octubre 11, 2010 a las 1:11pm


WebSite:http://energiasfemeninas.ning.com